La limitación estaba en su mente

La limitación estaba en su mente

Por Social Media

“Pocos meses después de que nací, adquirí parálisis infantil y eso casi me hace morir. Pasé cerca de ocho meses en el hospital, no me movía y el médico me dijo que no iba a sobrevivir. Sin embargo, sobreviví, pero cuando crecí, me decía llorando todos los días: ‘¡Prefería haber muerto!’. Realmente, me hubiera gustado que mi madre me tirara en un bote de basura al nacer porque me humillaban.

En la escuela, me despreciaban, me hacían bullying, los demás se alejaban de mí, decían que era una lisiada. Cuando buscaba empleo, me decían que no porque no tenía condiciones de hacer nada. ¡Eso me volvió una mujer frustrada! Me encerraba en mi cuarto por varios días sin comer y sin hablar con nadie. Pensé en agarrar un cuchillo para cortarme las venas y así acabar con mi sufrimiento.

Por otra parte, pensaba que no iba a ser feliz en el amor, pues ¿quién querría estar al lado de una mujer deficiente? Pensaba que solamente les daba problemas a los demás y creía que Dios no existía.

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Sin esperarlo, me invitaron a venir a la Universal. En el primer día, Dios me mostró que mi limitación estaba en la mente y desde aquel día, no permití que nadie, ni yo misma, me dijeran que no era capaz de nada porque todo lo que me propondría, lo lograría. Después de que me entregué a mi Señor, nació el deseo de Servirlo y me propuse que nada me impediría ayudar a otras personas.

Pasó el tiempo y, un día, estaba en la entrada de la iglesia, llegó un hombre embriagado, barbudo y sufriendo. Es este hombre que está a mi lado. Él pasó cerca de 17 años con el vicio del alcohol, gastó más de 4 millones de pesos en él y destruyó su matrimonio. Lo ayudé, pues ya era voluntaria de la Universal, se liberó del vicio, recibió el Espíritu Santo.

Al poco tiempo, Dios nos permitió ser novios y, posteriormente, nos casamos. Él no vio mi deficiencia física, sino la fortaleza que Dios me había dado, la mujer que era en mi interior.

Al inicio de nuestro matrimonio, tuvimos una buena postura económica. Sin embargo, nos confiamos y nuestros votos con Dios en el Altar dejaron de ser los mejores. Como resultado, él perdió una candidatura en nuestro estado y, por ende, se quedó desempleado. También, perdimos la camioneta y teníamos que trasladarnos a pie, cosa que yo no podía hacer por la deficiencia.

Nos indignamos, volvimos a participar en la Hoguera Santa, semejante a esta en el Valle de la Decisión, y desde ahí comenzaron las bendiciones. De regreso a casa, nos metimos en una calle y vimos un lugar donde Dios nos puso la seguridad que abriríamos una escuela, pues soy maestra. De la nada, la establecimos, la hicimos en formato de un castillo; más tarde, pusimos una segunda escuela y ya vamos por la tercera para más de 400 niños. Además, compramos dos terrenos.

Ante los ojos humanos, no tiene explicación y es verdad, pues esto sólo iba a suceder si decidíamos poner nuestra confianza en Dios y eso lo demostramos cuando recurrimos al Altar“, Valeria y Silvani.

 

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