Debilidades y fracasos

Debilidades y fracasos

Por Departamento Web

¿Por qué muchas personas cargan el estigma del fracaso?

Primero, porque les falta el Espíritu de Dios, Espíritu de la Fe, del Poder de Dios. Y cuando las personas no tienen el Espíritu de Dios, la costumbre es quejarse, lamentarse y, de alguna manera, buscar la compasión de los demás. Son como niños que cuando caen al suelo, si no hay nadie cerca, se levantan y continúan jugando. Pero, si hay algún adulto alrededor, inmediatamente comienzan a llorar, anhelando pena o consuelo. Podemos comprender eso debido a la infantilidad.

Sin embargo, parece que la mayoría adulta carga ese tipo de comportamiento durante toda su vida, teniendo en cuenta que, cualquiera que sea su problema, grande o pequeño, la primera actitud es encontrar a alguien para que la oiga y, entonces, recibir caricias de consuelo y cariño, que no resuelven el problema.

La fe inteligente trata a eso con desprecio. Para sacar provecho de la fe bíblica no se les puede prestar atención a los sentimientos del corazón.

Cuando el Señor Jesús fue a resucitar a un niño, Su primera actitud fue vaciar la habitación en la que se encontraban los parientes, vecinos y amigos de la familia llorando (Lucas 8:54)

La fe bíblica es racional, inteligente y sobrenatural. No tiene nada que ver con lo que se siente, sino con lo que está escrito. Esa fe bruta es la que resuelve.

El problema del débil no es ser débil, sino rendirse a las debilidades y entregarse a los sentimientos o emociones del corazón. El débil no piensa, y cuando piensa es para pesar las palabras de gente débil como él. Si él razonara y comprobara lo que el Todopoderoso ha dicho en la Biblia, con certeza pensaría como piensa Dios y reaccionaría contra sus debilidades.

El débil busca sentir en vez de pensar. Eso lo debilita todavía más, porque el corazón humano (fuente de sentimientos) es extremadamente corrupto y engañador. Quien lo sigue se destruye.

Por otra parte no sucede lo mismo con quien obedece a la Palabra de Dios. Quien la usa piensa, evalúa e inmediatamente concluye que, por su fe en el Señor Jesucristo, tiene que ser más que vencedora.

La fe no siente, no llora, no busca delicadeza, lástima, pena, ternura o piedad de las demás personas. Al contrario, la fe depende de la misericordia del Altísimo y se indigna, acciona, toma actitud y coraje contra lo que la debilita.

Quien usa la fe bíblica elimina el miedo de perder. Y sin miedo de perder, se lanza con todas sus fuerzas a vencer el problema, convencida del cumplimiento de la Palabra de Dios, porque sabe que el Espíritu Santo está con ella.

*Extraído del Blog del Obispo Macedo

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