Lo que las rejas no transforman, lo hace la Palabra de Dios

Lo que las rejas no transforman, lo hace la Palabra de Dios

Por Social Media

“Ahí estaba yo, caminando entre enormes paredes de concreto y pasillos oscuros que parecían no tener fin. Era la vida pasándome la factura por mis malas decisiones. Cansado y con sueño, quería dormir, olvidarme de todo por un momento, pero no era posible en una celda de 4 x 3 metros con cerca de 20 personas a mi lado. Esa era mi realidad: estaba preso”, relata Ricardo Morales, ex-recluso, a este portal.

La vida en la prisión es cruel y costosa, así lo han revelado diversos estudios. No obstante, estar en ella, no es suficiente para que los reclusos cambien su comportamiento tanto adentro como afuera. De hecho, hay casos en los que, pese a haber estado encarcelados, reinciden no solo en el delito sino a cumplir una condena dentro de cuatro paredes.

Entonces, ¿qué impide recaer? La Palabra de Dios.

Prueba de ello son las visitas que realizan los voluntarios del Centro de Ayuda Universal, donde los reclusos reciben un mensaje de fe que les ayuda a sanar su interior y, por ende, optan por buscar un mejor porvenir. Evidentemente, los familiares, pero sobre todo, los compañeros de celda y el personal del Reclusorio perciben un cambio notorio en su comportamiento.

“Algunos fueron olvidados por sus seres queridos, otros prefieren drogarse y embriagarse para aligerar el dolor. A pesar de que solo tenemos unos minutos para hablar con ellos, tratamos de transmitirles fe y confianza en Dios para que recurran a Él, pues solo así hallarán paz”, cuenta una voluntaria del grupo de la Universal que forma parte de este trabajo.

La Universal cree fielmente en esta labor y por eso la sigue llevando a cabo.

Si deseas contribuir con un granito de arena, lo puedes hacer donando Biblias y artículos de higiene personal en cualquiera de nuestras direcciones. ¡Aún hay muchas vidas que cambiar!

 

 

Ricardo Morales

“Drogado, me quedaba desnudo en la calle”
“Tenía un fuerte problema de drogadicción, al grado de quedarme desnudo en las calles. Comía de la basura y les robaba dinero a mis padres. Con mi esposa la situación también era horrible porque yo la celaba, la agredía y no le daba dinero. Nos veíamos en la necesidad de robar la comida de los animales para alimentarnos.

Fui a diversos lugares de rehabilitación, pero no me funcionó. Ya habían perdido toda esperanza de que cambiara, pues en una ocasión me encarcelaron y aunque me dieron libertad, recaí. Amigos y familiares le decían a mi mamá que me dejaran morir, ¡que no había remedio para mí!

Por segunda ocasión, ingresé a la cárcel y estando ahí, seguía drogándome, esto detonó que mi esposa intentara rehacer su vida con alguien más. Un día, un grupo de personas nos visitaron, eran de la Universal. Decían que, por medio de la Palabra de Dios, podíamos cambiar de vida y yo creí en esas palabras.

Cada que nos visitaban, participaba en sus reuniones. Con el paso del tiempo, noté cambios en mi comportamiento y dejé el vicio. Al poco tiempo, salí de la cárcel, pero esta vez transformado gracias a Su Palabra. Aunque fue un proceso, hoy estoy reconciliado con mi esposa y tengo un negocio propio.

Quien me ve, nota la diferencia y comprueba que el poder de la fe es capaz de transformar hasta los casos más difíciles, aquellos que parecen no tener solución”.

 

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