En la fuerza del Espíritu Santo

Por Social Media

La noche en la que el Señor Jesús estaba por ser entregado a Sus enemigos y ser crucificado, estaba Él en el Monte de los Olivos, cuando fue abordado por algunos soldados romanos y fariseos, y Judas. Después del tan famoso beso de la traición, los soldados Lo arrestaron.

«Y Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco. Juan 18:10

Todo lo que Pedro pudo hacer, en aquel momento, fue herir con su espada a un soldado y, claro, fue reprobado una vez más por Jesús, que dijo:

«…Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a Mi Padre, y que Él no Me daría más de doce legiones de ángeles? .» Mateo 26:52-53

Aquí vemos el resultado de actuar por el ímpetu del corazón, en la emoción. Pedro, en la fuerza de su brazo, además de estar estorbando los planes de Dios, no logró hacer nada, más allá de herir al siervo del sacerdote. Estoy seguro de que Malco debe haber quedado maravillado con lo ocurrido, segundos después de tener su oreja cortada y sangrando. Jesús hizo el milagro. Sin embargo, ¿qué más la ira de Pedro causó en aquel momento en la vida de los presentes? ¡NADA!

Así es la vida de aquellos que viven adentro de las iglesias, vacíos de la presencia del Espíritu Santo. El resultado alcanzado por ellos es siempre pequeño, casi ni se nota. Luchan con sus espadas, usan su “fe emocional”, viven diciendo que están indignados, sin embargo, es una indignación pasajera y pasiva. No cambia nada, ni la vida de ellos, ni la vida de los “Malcos” que están a su alrededor.

Todo eso cambió cuando el día de Pentecostés se cumplió. El Espíritu Santo descendió sobre los discípulos como lenguas de fuego, y vea lo que le sucedió a Pedro, el mismo Pedro que había cortado la oreja de Malco.

Después de haber recibido el Espíritu Santo, él se pone de pie y da una palabra, simple, pero ungida, pues estaba lleno del Espíritu Santo (Hechos 2).

«Y Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios Le ha hecho Señor y Cristo. Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?.» Hechos 2:36-37

¿Notó la diferencia? No hubo pelea, discusiones, puñetazos, agresión, no hubo espacio para emociones, solamente la fe inteligente. Es importante destacar que el Pedro vacío hirió solamente a un Malco, pero el Pedro lleno del Espíritu Santo hirió a 3 mil personas. Pues, compungidos dijeron después de oír su mensaje: “Varones hermanos, ¿qué haremos?”

«Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.Hechos 2:41

Con un simple mensaje, Pedro, lleno del Espíritu Santo, llevó al arrepentimiento y a una nueva vida a 3 mil personas de una sola vez.

Ahora, pare y piense: ¿qué hará Dios a través de su vida, entre sus familiares, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, cuando usted sea lleno del Espíritu Santo?

Querido lector, ¡solo depende de usted!

Si usted está vacío, resuelva ese asunto y sea lleno del Espíritu Santo. ¡Búsquelo con ayuno, oración y súplica, vaciándose de los placeres de la carne, de los rencores, de resentimientos y de todo lo que impide que el Dios Todopoderoso sea el único Señor de su vida!

Una cosa tiene que quedar en claro: con la fuerza del brazo, el resultado es siempre inferior. Por otro lado, ¡con la fuerza del Espíritu Santo, no hay límites!

¡Que Dios los bendiga!

*Extraído del Blog del Obispo Macedo

Colaboró: Obispo Marcelo Pires

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