Más allá de las rejas

Por Social Media

De acuerdo con la CNDH «la cárcel es un lugar de violación constante a los Derechos Humanos». Las condiciones, ya de por si precarias, no son menos importantes como la sobrepoblación carcelaria, que oscila en alrededor de 242 mil personas (de las cuales 11 mil son mujeres) en espacios diseñados para 190 mil, y afirma que alrededor del 44% de los internos se encuentran en espera de una sentencia condenatoria o absolutoria.

La Palabra de Dios dice: «Porque así nos lo ordenó Dios: “Yo te he puesto, Israel, para que seas luz de las naciones; para que anuncies mi salvación hasta el último rincón del mundo.”»

La realidad de las cárceles, en general en todos los países, va más allá de una reja que esconde secretos que nunca se contarán, lágrimas que no tendrán consuelo y problemas, muchos sin resolver, que quedarán en el olvido de las personas.

Una palabra de aliento

No es posible olvidar que, tras esos rostros, inocentes o culpables, muchos llenos de odio o rencor, se encuentra una persona que lo único que pide es una oportunidad.

El fundador y líder del Centro de Ayuda Universal, Edir Macedo, pone mayor énfasis en esta labor, pues él puede hablar de lo que experimentó al ser detenido y encarcelado,  como lo comenta en el primer tomo de la saga «Nada que perder»:

«Eran veintidós presos, entre abogados, médicos (…). La convivencia fue pacífica. Hablé a muchos de la salvación del Señor Jesús, incluso a algunos de los carceleros. Por esa razón, hasta hoy yo estimulo el servicio voluntario de evangelización en los presidios. Acompaño de cerca los resultados del trabajo de miles de pastores, y evangélicos que a diario señalan una salida para quienes padecen en el sistema penitenciario. El rescate se da allí, en el último peldaño de la exclusión social, en el momento de más grande agonía, cuando su mujer, sus hijos y sus amigos, rehúsan al detento. No le queda nadie sólo Jesús. Y es entonces que se da el hecho extraordinario de una nueva vida.»

Por eso, el Centro de Ayuda Universal creó el grupo Reclusorios, que se dedica a visitar dichos lugares:

«Asistimos tres veces a la semana y hacemos reuniones con ellos (los presos) de acuerdo a sus necesidades, compartimos la Palabra de Dios, se ora y se les orienta, y además de llevarles alimentos, les obsequiamos productos para aseo personal», comenta el Pastor responsable del grupo.

La finalidad de los reclusorios ha cambiado con el pasar de los años, pero, aunque el sistema cambie, la voluntad de extender la mano hacia el necesitado, no pasará de moda para el Centro de Ayuda, aun cuando al necesitado se le considere el peor de los criminales.

 

 

 

 

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