Mi vida en la Universal

Dios me enseñó que vivir es increíble. 22 años a su lado y sigo cosechando éxitos

Sra. Olga 1 Mi vida en la Universal«Cuando veo mi presente, me doy cuenta de que ha valido la pena cada día que he caminado con Dios. Hace 22 años mi vida era completamente distinta. Mi familia y yo estábamos endeudados, rentábamos en vecindades… Nuestra condición era tan complicada que llegamos a vivir en una escuela. Estudiar una carrera universitaria era un simple sueño, pues ni empleo tenía.

Padecía acné pustuloso y eso afectó mi autoestima. Por los complejos, me sumí en una fuerte depresión y le perdí el gusto a la vida. Sin embargo, llegar a la Universal fue conocer un mundo nuevo, aquí realmente conocí a Dios. No fue religión, sino un cambio interno que me impulsó a buscar una realidad diferente.

La fe que Dios puso en mí fue tan grande que no tuve otra opción más que alcanzar mis objetivos.

No fue sencillo, pero a su lado siempre tuve la fuerza para seguir adelante, pues aprendí a dejarme guiar por Él.

Mi vida en la UniversalHoy no solo gozo de salud y una familia unida, también tengo dos carreras universitarias: soy licenciada en Administración de Empresas y en Derecho, además de que tengo un diplomado en Derecho Fiscal. Tenemos casa propia y el Señor Jesús me ha dado bendiciones a manos llenas»,

Olga Martínez.

22 años en la Universal y ha valido la pena cada día

Universal«Cada uno de los 45 minutos que nos llevaba caminar al Centro de Ayuda Universal valió la pena. Sin dinero, no podíamos pagar los pasajes que nos llevaran hasta allá. Pero las ganas de cambiar de vida, y luego el amor a Dios, nos motivaron a ir. Ahora vemos que cada paso ha valido la pena.

Éramos ocho en la casa, seis hijos y mis dos padres. El negocio familiar fracasó y, a veces, solo comíamos tortillas duras. Yo estaba enferma, tenía un soplo cardiaco y, por las noches, una opresión se apoderaba de mí al grado de no poder moverme.

Aquí encontramos al verdadero Dios y la fe de la cual nos hablaron reavivó nuestra esperanza.

Cada día de estos 22 años crearon una hermosa historia. Aprendimos a dejar que Dios formara parte de nuestras vidas y logramos bendiciones enormes. Hoy no imaginamos una vida sin Él.

Yo fui sanada, recuperamos el negocio, hemos tenido éxito en el mismo, logramos ser profesionistas y hasta pudimos visitar el Templo de Salomón, en Brasil. Somos felices, realmente felices.

Aferrarnos al Señor Jesús, obedecerlo y permanecer pese a todo y a todos es la mejor decisión.

Cada día en el Centro de Ayuda Universal es una ganancia. Antes de Dios nuestra vida no era vida», Aline Flores.

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