prevalecio la violencia y no el amor

Prevaleció la violencia y no el amor

00

el amor y la miseria no se llevan

El amor y la miseria no se llevan

00

Superaron las barreras

Superaron las barreras

00

«Curó mi cuerpo, mi alma, mi corazón y hasta mi economía»

Catalina

Catalina

«En mi niñez fui víctima de violación. Crecí con rencor y odio hacia la vida. A los 19 años me casé, pero  seguí  el  mismo  patrón  que  mis  padres:  en  casa había  golpes,  insultos  y  ni  para  comer teníamos, incluso no había fidelidad.

Me separé de mi esposo y tuve que enfrentarme sola a la vida. Todo parecía estar en mi contra, en especial cuando enfermé de artritis reumatoide.

Cuando llegué aquí, estaba el propósito del Manto de los Milagros. Empecé a tocarlo, pidiendo la salud de mi alma y de mi cuerpo; paulatinamente, sané por completo. También fui bendecida en lo económico y pude tener mi propio negocio.

Más tarde, llegó otra bendición que francamente no esperaba: me casé con un hombre que me ama y me respeta. Amo la vida que Dios me ha dado desde que decidí obedecerlo», Catalina.

 

“Mi esposo se transformó en el hombre que yo soñé”

La fe mueve banner

«Me casé con la ilusión de tener una familia, pero a los tres meses mi esposo se convirtió en un hombre violento. Era alcohólico, fumaba y consumía drogas. Muchas veces llegó a golpearme. Eso me dolía también por dentro ya que lo amaba.

El nivel de agresiones cada vez era mayor y por mi propia seguridad lo dejé. Debía sacar a mi hija adelante, pero nadie me daba trabajo, a pesar de ser profesionista.IMG_7312

En una noche me sentí tan desesperada que quise matarme… Sin poder dormir, pensando, veía la TV, entonces vi el programa del Centro de Ayuda Universal.

La primera vez que vine lloré bastante, me desahogué… pero salí con la firme idea de luchar por un cambio. El primer pedido que hice a Dios en la Campaña de Israel fue la restauración de mi matrimonio.

Aparentemente no tuve respuesta… pero seguí participando en más Campañas para resolver lo de mi economía.

Así, Dios me bendijo con un empleo bien remunerado y pude pagar la deuda de $150 mil, compré mi auto y pude darle una vida digna a mi hija. En ese entonces ya hacía tres años que mi esposo y yo estábamos separados, tramitando el divorcio, y solo nos comunicábamos por medio de un tercero.

Un día tuve la necesidad de hablar con mi esposo directamente y ambos nos dimos cuenta de que no éramos los mismos. Yo no lo sabía, pero esos tres años lejos, Dios actuó en él, quitándole los vicios, cambiando nuestro carácter.

…Y cuando lo volví a ver, de verdad, era el hombre que mucho tiempo había deseado. ¡Dios lo transformó!, ¡Él no olvidó lo que le pedí en esa Campaña, aunque mucho tiempo pareció que la respuesta a mis oraciones no estaba llegando!

Mi esposo me consiente, me mima, me quiere… En fin, veo la bendición de Dios entre nosotros. Conocí el verdadero amor.