El amargo sabor de una promesa incumplida

El amargo sabor de una promesa incumplida

Por Redacción Periódico

Detente un momento e intenta recordar alguna ocasión en la que alguien te haya hecho una promesa y no la haya cumplido. ¿Cuál fue el sentimiento que te dio al notar que solamente se burlaron de ti? Ahora bien, recuerda alguna vez en la que tú hayas sido quien prometió algo y no lo cumplió. Puede ser que también te sentiste mal al defraudar a alguien o por no honrar tu palabra.

En el ámbito espiritual no es diferente. Durante una reunión realizada en la Catedral de la Fe, en Sao Paulo, Brasil, el obispo Edir Macedo dijo que si una persona desea relacionarse con Dios, debe estar consciente que exigirá compromiso, pues no es posible ser más o menos fiel. “Dios se entrega 100 por ciento a la persona, por lo tanto, ella también debe hacerlo”, afirma.

Asimismo, explicó que pese a que las personas no suelen cumplir la palabra que Le empeñan, Él sigue manteniéndose fiel y continua cumpliendo las promesas que una vez empeñó, esperando lo mismo de nosotros. “Así como en un matrimonio debe haber fidelidad y compromiso con lo que fue prometido para que la alianza permanezca intacta, lo mismo sucede con Dios”, explica.

Evidentemente, antes de casarse, ambas personas necesitan conocerse. En el caso de un matrimonio con Dios es necesario buscar en primer lugar al Señor Jesús para entender cuál alianza será establecida. De acuerdo con el obispo, lo importante es conocer el Señor Jesús. Una vez que eso suceda, la persona nunca más va a querer apartarse de Él y habrá compromiso y fidelidad de por medio.

Tal vez, de primera instancia no será fácil, pero Dios está dispuesto a darte las condiciones de lograrlo. A través de las reuniones de domingo, realizadas especialmente a las 10 a.m., se da un mensaje de fe que podrás aplicar en tu día a día y así convertirte en la mejor versión de ti.

 

Ella es fiel a Dios y Él le da lo que promete

 

Siendo comerciante, mis ingresos no me alcanzaban: ni ropa o zapatos podía comprarme, mucho menos pensar en remodelar mi negocio.

Indignada por cómo me encontraba, hice un propósito en el Altar. No acepté tener ese salario y por mi fe, Dios me respondió. Es increíble, pero mi negocio creció de tal forma que ahora tengo empleados a mi cargo, excelentes ventas, una camioneta, mi casa y me voy de vacaciones a donde quiero. Gracias a mi fidelidad a Dios, puedo darme esos lujos”.

 

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