Cosas que se aprenden y cosas que se reciben

Cosas que se aprenden y cosas que se reciben

Por Redacción Periódico

Desde la niñez, el ser humano está aprendiendo cosas: a caminar, comer, hablar…

Lo mismo sucede con quienes asisten a las reuniones de la Terapia del Amor, pues aprenden cómo a actuar y usar la fe. Los solteros, por ejemplo, a valorarse para que sean un excelente esposo(a), hijo(a), padre o madre. Sin embargo, lo más importante no es lo que se aprende, sino lo que se recibe de Dios.

¿Cuántos problemas se podrían evitar cuando la persona recibe el Espíritu del Amor que es dado por Dios? Él es el Espíritu Santo, Quien se encarga de llenar de frutos: “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza…” (Gálatas 5:22).

Esos frutos no se pueden enseñar, sino recibir y solamente los recibe la persona que tiene el Espíritu Santo.

Ahora bien, lo que el Espíritu del Amor nos da es mayor que lo que aprendemos y estas cualidades son más atrayentes que las cosas físicas. Aproveche esta oportunidad del Ayuno de Daniel para que reciba el Espíritu Santo, así sus pensamientos, su interior y sus actitudes serán transformados y, por medio de su fe, tenga una vida distinta.

Estas charlas se realizan todos los jueves en cuatro diferentes horarios, exclusivamente en Av. Revolución núm. 253, Col. Tacubaya. ¡Participa!

 

 

Dale a tu pareja lo que realmente quiere y no solo lo que creas que quiere

 

Eres un marido responsable, fiel, que no deja faltar nada en casa o una esposa dedicada, amorosa, que cuida su hogar a la perfección, pero aun así no entiendes por qué tu pareja te reclama. Aunque te consideras el mejor marido o esposa del mundo con cualidades difíciles de encontrar, no significa que sea verdad.

De nada sirve dar todo lo que creas que está bien, si no le das a tu cónyuge lo que realmente necesita. Pregúntale que quiere y dáselo. Al satisfacer las necesidades de ambos, no habrá espacio para más reclamos.

 

 

Mi esposo y yo nos dejamos de hablar un año

 

Esperanza Pérez

¿Te imaginas pasar un año sin hablar con tu esposo? Pues la falta de comunicación entre mi esposo y yo, hizo que estuviéramos en esa situación.

Por ende, la economía no estaba bien y al estar en casa, sola, caía en depresión.

La ausencia de mi marido hacía que mis días fueran pesados y difíciles, me sentía culpable de lo que vivíamos y mis hijas reflejaban con sus actitudes nuestra realidad.

Aunque el primer día que fui al Centro de Ayuda Universal fue un domingo, escuché que en la Terapia del Amor podía lograr que mi matrimonio se consolidara.

Las palabras de fe, de ánimo y lo que me enseñaron nos transformó al perseverar. De estar sin hablarnos ahora parecemos novios. Hay comunicación, nos acompañamos, el amor renació y lo mejor es que nos respetamos.

Parece increíble pero cuando la relación se compuso todos los aspectos de la vida se arreglaron.

Usé la fe para vencer ¡y lo logré!

 

 

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