Ser pobre, o no, es tu decisión

Ser pobre, o no, es tu decisión

Por Carmen Uribe

No culpes tu origen ni lo que te inculcaron; la vida que tienes es responsabilidad tuya. 

¿Qué sientes cuando tus hijos te piden un helado, material para un trabajo escolar, ropa, un juguete o que los lleves a un lugar y no tienes dinero para hacerlo? ¿Impotencia? ¿Se te hace un nudo en la garganta? Ahora bien, la pregunta no es cuántas veces esto ha pasado, sino ¿CUÁNTAS VECES MÁS LO PERMITIRÁS?

Conmiserarte y llorar no soluciona nada, de ser así, a estas alturas ya tendrías la vida resuelta. Pero tu situación es la misma: cuentas monedas para completar tu pasaje, comes lo que tienes, lo que te regalan o para lo que te alcanza y dejas de pagar servicios básicos tratando de acabar con esa maldita deuda que parece no tener fin.

No sirve de nada hacerte el/la fuerte. Tu condición te ha hecho, más de una vez, renegar de Dios, dudar de ti mismo e, incluso, querer desaparecer de una vez por todas. Ese conflicto en tu mente no te ha dejado ver la posibilidad de cambio que está a tu alcance.

 

Eres lo que piensas

 

Resultaría absurdo tomar agua limpia en un vaso sucio. De igual modo, no se puede evolucionar conservando ideas como: “Así me tocó vivir”, “no puedo”, “más vale poco, pero seguro”, “ya estoy grande para eso”.

Empieza a visualizar cómo te gustaría ser y qué quieres tener. La Biblia enseña:

“Y no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto” (Romanos 12:2).

 

Dale la bienvenida a la opulencia

 

El tiempo pasa cada vez más rápido y, quizá, te está arrebatando la convicción de tener un futuro prometedor, pero recuerda lo que te mencionamos en párrafos anteriores: HAY UNA ALTERNATIVA y es recurrir al Señor Jesús. Él afirma que ha venido para que disfrutes una vida abundante (lee Juan 10:10).

En la Universal, un gran número de personas han relatado que de vivir en la calle o en casas de cartón, comer de la basura, tener una deuda millonaria, padecer una enfermedad en etapa terminal… se han convertido, por medio de la fe, en un caso de éxito.

Esa es la herencia para quienes creen que no es un Dios de pequeñeces y sí, el Autor de hechos insólitos. Entonces, si tú también eres un heredero Suyo, ¿por qué continuar en el lodo? Tienes dos opciones: reclamar lo que es tuyo o dejar que alguien lo disfrute por ti.

 

 

De exitoso a no tener comida en el refrigerador

 

Juan Barona

“Me dedico al ramo automotriz, a la comercialización de autos nuevos, seminuevos y usados. De irme muy bien, de un momento a otro, los clientes empezaron a escasear. Esto me orilló a tener que pedir prestado y generar deudas que parecían impagables, ¡era muy humillante! El momento más crítico fue cuando tuve que dejar de pagar la hipoteca de mi casa donde vivía con mi familia.

Mi salud se afectó: tuve dermatitis atópica, me salían llagas en manos, rostro y cuello. La relación familiar también se vio afectada, en especial con mi esposa, hubo un distanciamiento. Como cabeza de familia, a veces, me iba a dormir sin alimento en el estómago. Era muy difícil no tener lo más elemental, en mi refrigerador no había nada.

Al llegar a la Universal, renové mis fuerzas y mis esperanzas de salir adelante. Al poco tiempo, participando en la Hoguera Santa, le di un vuelco a mi condición, pues a través de una actitud de fe, las ventas comentaron a incrementarse y, por consiguiente, pagué las deudas. Posteriormente, mi salud fue mejorando hasta que sané completamente de la dermatitis.

Hoy en día, el distanciamiento con mi esposa terminó, ¡parecemos novios! En el aspecto económico, me va muy bien, ya que, en cada Hoguera Santa, Dios me ha respondido. Tengo una casa con alberca, jacuzzi, jardines y tengo tres negocios continúan prosperando. Además, soy dueño de tres casas, un destino de playa y disfruto de seis autos deportivos importados de uso personal y seis autos de carreras.

Lo más importante no es lo material que he recibido, sino saber que estoy en el camino de Dios y que Él está conmigo”.

 

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