Discapacitado, sí. Dependiente, no. Él es impulsado por los desafíos

Discapacitado, sí. Dependiente, no. Él es impulsado por los desafíos

Por Departamento Web

Renunciar o no de los sueños, es una opción de cada quien. En todo el mundo, no son pocos los que se han convertido en derrotistas y los motivos pueden ser varios, desde una desilusión hasta un simples desánimo delante del sacrificio necesario para alcanzar la realización del objetivo. La verdad es que entre desear y realizar existe un enorme puente. Solamente quien sigue con determinación hasta el fin puede alcanzarlo.

Este minero de Belo Horizonte es un buen ejemplo de eso. Así como muchos, él también tiene sueños. La diferencia es que él no se rinde, incluso enfrentando las peores barreras. Nacido el 27 de octubre del 1988, él siempre fue una niño como cualquier otro, saludable y feliz, que se destacaba por ser curioso, brillante, inteligente y sonriente con todos los que se le acercaban. Thiago Helton Miranda Ribeiro es de una familia compuesta por cuatro personas y entre ellas la unión es tan fuerte que ya se volvió marca registrada. Ellos no se separan por nada.

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En un día, cuando salía al trabajo, el joven, que en aquel entonces tenía 20 años, fue sorprendido por un carro conducido de cualquier manera en una calle bastante transitada de Belo Horizonte. Sin que tuviera ninguna oportunidad de escapar, él fue atropellado y arrojado hacia arriba del vehículo. El impacto en el pavimento fue tan fuerte que su cuello se quebró por la mitad entre la cuarta y quinta vértebra de la columna cervical. Finalmente, el diagnóstico que la familia desearía no escuchar: tetrapléjico.

Con el regreso del chico a casa, todos necesitaban unirse aún más.

En esta ocasión el dinero estaba escaso y, para empeorar la situación, el padre quedó desempleado, lo que trajo consigo la aparición de otras adversidades – que ellos consiguieron vencer a través de la fe y el amor siempre presente en esa familia.

“Es difícil describir lo que es la total independencia de una persona con mi grado de afectación física. Pero la importancia de ella es extrema, pues si yo abandonará ese sueño estaría condenado a depender de familiares o de la solidaridad de las personas por el resto de mi vida”, destaca Thiago.

Es eso lo que lo hace una persona diferente. El decidir volver a trabajar al mismo tiempo que retomaba la jornada de estudios en busca de una carrera pública. Él comentaba que el “mercado de trabajo es cruel para las personas con discapacidad. Los expertos del INSS querían jubilarme por discapacidad, pero no acepte. Yo no quería ver a mis padres frustrados a causa de mi situación. Estaba indignado y hoy vivo buscando una forma de vencer todas esas limitaciones. Quien ve mi exterior, ve a un tetrapléjico , pero por dentro yo estoy más de pie, que nunca”.

Cuando tomó posesión del cargo en el Tribunal de Justicia de Minas Gerais (TJ-MG), luego se encontró con aquello que sería un gran problema: las barreras físicas funcionales. Pero él consiguió crear sus propios métodos para contribuir con el departamento de juicio. Hasta que en el 2012 comenzó en Minas Gerais la implementación del Proceso Judicial Electrónico (PJE) y, como ya tenía mucha facilidad con la informática incluso antes del accidente, terminó siendo elegido para actuar como uno de los llamados facilitadores del sistema, ayudando a los demás servidores en ese proyecto.

Thiago es un profesional exitoso. Un hombre que ama a la familia y la compañía de su perrito. Su hobby es la lectura y jamás dudó de sus ideales. Es osado y pocas veces puede contener el espíritu de liderazgo. Ganó popularidad no por su discapacidad, pero sí por las actitudes de tomar el frente de trabajos académicos, manifestaciones, protestas, además de siempre ayudar a los colegas mostrándoles que la discapacidad es un factor meramente psicológico – no está en las piernas, en los brazos o en una cadera, pero sí en la mente de las personas. “Mi fe en movimiento e indignación dentro de mí no permitirán que me rinda. Si no fuera por el Espíritu de Dios, me hubiera rendido ahí mismo. Pero, dentro de mí, siempre tuve la seguridad de que nada era en vano. Y así prosigo: mantengo mi fe.

Reconozco, mientras tanto, que, si no fuera por el despertar de la fuerza en mi interior que recibo en la Universal, seguramente ya habría renunciado, entregándome a las desgracias que el destino nos impone”.

   

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