No limites a Dios

No limites a Dios

Por Carmen Uribe

Si para Dios no hay imposibles y para el que cree todo le es posible, ¿por qué tu vida no cambia?

Los más sabios dicen que “el mayor limitante es uno mismo” y es tan cierto que hay más gente estancada que cumpliendo sus sueños, solo por una razón: limitan a Dios.

¿Tu marido no cambia? ¿Los años pasan y sigues soltera? ¿Abundan los problemas en casa? Quizá, la fe no sea tu mayor obstáculo, sino el sujetarte a la voluntad de Dios y eso, querido lector, aunque es difícil porque implica sacrificio, es la única forma de lograr que Él actúe en tu favor.

A veces, crees más en la ciencia y en quien dice que no serás feliz jamás, que en el propio Dios que no miente ni defrauda. ¡No dudes! Si Él te dice que vayas a la derecha ¿por qué te vas a la izquierda? ¿Y si obedeces en lugar de cuestionar?

Con Él no hay medias tintas y ni el infierno entero ni la naturaleza pueden limitarlo. El único capaz de hacerlo es el ser humano cuando no Lo escuchan ni Lo obedecen, atándolo de manos sin poder actuar, así te vea sufriendo.

Si no lo limitas, el beneficiado serás tú. Todo es por tu bien, para que seas dichoso y feliz.

Obedécelo, escúchalo, no te arrepentirás.

 

¿Hasta cuándo luchar por una relación?

A veces, insistimos con una relación por años sin éxito. ¿Cómo saber si los planes de Dios y los de nosotros son los mismos?

Cuando insistes en un noviazgo con alguien que no te considera prioridad, hay una solución: termínalo y enfocarte en otras áreas de tu vida. Al tener una relación sin futuro o como sea que le llames, pues a veces ni tú mismo sabes que son, pierdes el doble de tiempo que podrías invertir en tu beneficio personal.

Si quieres que tu noviazgo funcione y la otra parte no muestra interés, la mejor solución es cortarlo. Corta por las buenas y de tajo.

 

 

De no creer en el amor, acaba de cumplir cuatro años de casada

 

Xochitl

Por los problemas que enfrenté al ver a mis padres pelear, dejé de creer en el amor. Estaba traumada, pensaba que si eso llegaba a pasar conmigo, no lo soportaría, por lo mismo no tenía ninguna relación seria y en las que si quería algo serio, no me iba bien.

‘Solo quieren jugar contigo, nadie es sincero, jamás serás feliz’ pensaba encerrada en la soledad de mi recámara. No me sentía valorada y mi baja autoestima en nada ayudaba.

Gracias a mis papás, conocí la Terapia del Amor donde lo primero que aprendí fue que Dios me amaba como era y me aceptaba, entonces recuperé poco a poco mi autoestima.

Me perdoné a mí misma y, por consiguiente, a todos los que me rodeaban. Lo mejor fue que me casé y mi matrimonio es bendecido. Hay una forma de ser feliz, aquí lo aprendí y mi vida es prueba de ello”.

 

 

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