¿Esperar en Dios o acomodarse?

¿Esperar en Dios o acomodarse?

Por Departamento Web

Él se dice un hombre de Dios. Va a la Iglesia varios días a la semana y ora por su vida y la de sus más allegados. Aprecia a su esposa e hijos y busca pasar el tiempo que puede con ellos, pues sabe el valor de esos momentos. Es un hombre que hace lo que puede por su familia. No hay vicios y le hace el bien al prójimo siempre que puede. Además de eso, trabaja arduamente en su empleo. Cumple con el horario y hace sus tareas en el tiempo determinado. Es querido por sus compañeros y respetado por los jefes. A lo más cercanos, él revela sus ambiciones, pero, aun así, parece que su vida no progresa. Su carrera no avanza. Aún no logró comprar su propia casa y liberarse del alquiler. Parece que sus planes no se concretan y no son raras las veces en que él se siente sin rumbo. ¿Conoce a alguien así o se identificó con el perfil?

Abracadabra

No se preocupe en responder. La verdad es que la descripción de arriba refleja la de muchos hombres que varias veces esperan que las cosas sucedan en sus vidas como por arte de magia. Después de un simple “abracadabra”, ahí estará la respuesta. Ellos esperan sentados que Dios providencie la solución. El problema es que tal vez esa no sea la mejor salida. Y no estamos diciendo aquí que deben ser escépticos con respecto al poder de Dios. No se trata de eso.

Conflicto

Un hombre de fe no puede simplemente estar creyendo que solo es suficiente pedirle algo a Dios y eso se realizará, mucho menos estar esperando que las cosas caigan del cielo en sus brazos, simplemente porque Dios sabe qué es lo que él necesita. El hombre, cuando llega a ese punto, termina entrando en un conflicto. Él empieza pensar “pero yo creo y nada sucede para mí”.

Acomodado

Es cierto que, cuando se trata del lado espiritual, el hombre desea recibir cada vez más las bendiciones de Dios en su vida, pero, por otro lado, también no quiere hacer nada más allá de creer que Él lo hará. Aunque la vida le insista en mostrar que así no funciona, él insiste en hacer siempre las mismas cosas y actuar de la misma forma para resolver sus problemas. Esto es muy común en muchos cristianos y explica de manera bastante simple por qué sus vidas, de hecho, no cambian ni progresan.

Actitud

Para alcanzar esa tan soñada felicidad, su actitud tendrá que ser diferente. Esperar que un buen empleo toque su puerta o no tener ninguna reacción delante de los problemas que la vida presenta no van ayudarlo. Entregarse a ellos y estar acomodado son acciones inaceptables en un hombre ―cuanto más en un hombre de fe que usa su inteligencia para entender que el poder de Dios actúa de diferentes formas. Y aquí estamos hablando de una actitud que materializa esa fuerza en su vida.

Levántese

Decir que cree en Dios, que Lo quiere y que Lo acepta no será suficiente. Estas son partes de un proceso que involucra otros aspectos. Para que Dios realice algo en su vida es necesaria la actitud de, literalmente, levantarse de su asiento y buscar sus objetivos. Esto va más allá de decir que quiere, que acepta y que cree. Requiere verdadera acción: algo que muestre que usted realmente quiere, puede hacer más y lo haga comprender que las cosas solo funcionan cuando las hacemos funcionar, sin dejar de creer en Dios. Haga su parte y Dios hará la Suya.

   

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