De la vergüenza al éxito

De la vergüenza al éxito

Por Carmen Uribe

En la Biblia, encontramos historias de hombres que, aunque fueron avergonzados, vencieron y ocuparon puestos altos.

Uno de ellos fue José, quien era el undécimo de los doce hijos de Jacob y el más amado, lo que desató la envidia de sus hermanos mayores, quienes, al contarles el sueño donde aparecía alzado sobre ellos, prediciendo sin percatarse el futuro, lo vendieron como esclavo. Después de un tiempo, fue acusado por la esposa de su amor de intento de violación y siendo inocente, lo encarcelaron.

Pero ¿por qué a pesar de que fue atribulado por terceros, era exitoso en cualquier lugar? Simple y sencillamente porque confiaba en Dios y, a su vez, Él lo acompañaba. Como respuesta a esa fidelidad, lo pusieron al frente de toda la tierra de Egipto y en tiempos de escasez, vera él quien decidía como se repartían las provisiones alimenticias.

De ser desgraciado por sus hermanos y avergonzado por una mujer, José se convirtió en gobernador de Egipto. ¿En que te convertirás tú?

 

Los problemas ya no mandan en su vida

“Tenía un juicio de guardia y custodia por mis hijos. Era imposible que me los dieran, pues las autoridades siempre se los entregan a la mamá. Perseveré al venir a la reunión de los Casos Imposibles y determiné en el Valle de la Sal que me la darían a mí. Así fue: tengo a mis hijos conmigo”.

 

Alejandra

“Al pasar con fe por el Valle de la Sal en la reunión de los Casos Imposibles, pagué por una deuda de más de 200 mil pesos menos del 5 por ciento. Además, remodelé mi departamento y ahora ya lo renté. Antes, las deudas me quitaban el sueño, hoy duermo sin pendientes porque Dios me da todo”.

 

Gabriela

“Una vecina tuvo un accidente, estaba internada en terapia intensiva con el cerebro inflamado, no le daban esperanza de vida y si vivía, lo haría con secuelas. Pasé por el Valle de la Sal pidiendo por su salud y ya la dieron de alta. Está en su casa muy bien recuperándose sin ningún problema”.

 

Leticia

“Durante dos años, padecí artritis en las manos. Aunque tomaba tratamiento médico, los doctores me decían que era una enfermedad de por vida, no había cura. Aun así, los dolores no disminuyeron y siguieron aumentando hasta que pasé por el Valle de la Sal donde Dios me sanó. Mi fe hizo posible lo imposible”.

 

Puedes leer: “No tengo como pagar lo que ustedes hicieron por mi tribu”

   

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